La lucha de un hombre por su vida y su dignidad. Análisis de la película “La caza”

Hace un mes que descubrí esta película, sin embargo no fue hasta ayer cuando decidí darle una oportunidad y verla. Llegados a este punto os puedo decir que los dos sentimientos que más afloraron en mí durante su visionado fueron frustración e impotencia. Frustración por ver el trato injusto que se le daba a un buen hombre e impotencia por no poder hacer nada para ayudarlo. Como espectador omnisciente, sé toda la historia, una historia que surge a raíz de una pequeña mentira fruto del enfado de una niña pequeña. Una mentira que, aparentemente, no tiene importancia pero que revuelve el estómago de una profesora del colegio donde la niña pasa sus mañanas. Una profesora que saca sus propias, y apenas fundamentadas, conclusiones. Una profesora que cree las palabras de una niña enojada antes que las de su profesor de confianza.

Dicho esto, entremos en el análisis y para ello qué mejor que empezar por el principio. Lucas es un hombre tranquilo y profesor de escuela que ha atravesado una etapa muy dura, ya que la mujer de la que se vio forzado a divorciarse no le permite ver a su a hijo. Lucas intenta llenar este vacío dejado por su amor perdido mediante el trato con los niños de su escuela, a los que trata como sus propios hijos. Juega con ellos, les enseña y los trata con cariño y respeto. Entre ellos está Clara, la hija del mejor amigo de Lucas, con quien tiene un trato más cercano debido a la especial relación con su padre y a la que ayuda en más de una ocasión con sus problemas familiares y psicomotores (aunque no se deja claro en la película, la niña parece tener un grave problema de orientación). En un momento, un acto desafortunado de la pequeña lleva a Lucas a una situación comprometida de la que logra escapar sin mayores consecuencias, o eso creía él, ya que unas palabras de la pequeña le llevan a una lucha encarnizada con los que eran sus amigos, para recuperar su vida y su dignidad. En este punto de la película se aplica aquello de “eres culpable hasta que se demuestre lo contrario”. Sin embargo, aunque se demuestra en varias ocasiones, nadie cree a Lucas, que ve su vida destrozada en cuestión de un mes, justo antes de navidad.

Repito que la impotencia es lo que más vais a sentir a la hora de ver esta película, porque vemos como un buen hombre es explotado y maltratado hasta la saciedad por una comunidad rota por una pequeña mentira. Una comunidad que no se molesta en conocer la versión del adulto, sino que toma los silencios y las palabras desafortunadas de una niña pequeña como verdades incuestionables. Se parte de la premisa de que los niños “nunca mienten”. Esto sería así en un mundo perfecto, pero este no es un mundo perfecto y los niños mienten, pueden llegar a ser muy crueles y desconocen el efecto que sus palabras pueden llegar a tener. Estas palabras generan una psicosis colectiva entre los amigos y vecinos de Lucas que, ya no es visto como un profesor y padre educado, bonachón y tranquilo, sino como un monstruo degenerado y pervertido. Tanto que el protagonista llega a creer que realmente hizo algo malo en lugar de manejar la situación de la forma más apropiada.

Me gustaría señalar el dolor que he llegado a experimentar al ver la película, fruto del dolor que experimenta el protagonista. Los actos a los que es sometido son actos de extrema crueldad, propios de una sociedad enferma. Sin tener pruebas, los habitantes del pueblo de Lucas le tratan como un apestado y, más incomprensiblemente, a su hijo que va a visitarle por navidad. Incluso su perra, un animal inocente y que ni siquiera comprende la situación por la que está pasando su amo, sufre las consecuencias de sus actos o, mejor dichos, de la presunción de sus actos. Entonces me pregunto qué clase de fervor sobreprotector tienen los padres de la sociedad moderna para asumir las palabras de sus hijos como verdades incuestionables. He oído a niños decir que sus padres son superhéroes, cuando en realidad son policías, o pavonearse por haber robado un bolígrafo en un supermercado. ¿No son pruebas suficientes para demostrar que un niño también puede mentir? La televisión, el patio del colegio o cualquier elemento que entre en contacto con el niño o la niña puede corromper su mente en algún sentido. Emitir un insulto en el momento inoportuno puede hacer que un niño lo emita, de forma posterior, en el colegio. No, los niños no son dulces ángeles, sino que se van formando a imagen de una sociedad enferma y de unos padres que, o los sobreprotegen o les dan demasiada libertad. Y ese es el problema que hace que situaciones como la vista en la película se den en comunidades pequeñas y no tan pequeñas.

La película ganó el reconocimiento en el festival de Cannes del 2012 debido al estupendo trabajo de Mads Mikkelsen. El que fuera el villano de “Casino Royale” o, más recientemente, el caníbal más temido y admirado del cine en la serie “Hannibal” se convierte un hombre digno de admirar que, frente a una situación desesperada, se comporta de forma honorable y bondadosa. Junto a él, intervienen varios actores relativamente desconocidos del cine europeo. Algunos de los cuales llegan a dar asco debido a lo bien interpretados que están sus personajes. Por ejemplo, el dependiente de la carnicería que le propina una paliza al protagonista o la actriz que interpreta a la directora del colegio.

Concluiré diciendo que, con toda esperanza, espero que esta película sirva para abrir un poco los ojos contra los prejuicios generados por simples rumores y, sobre todo, contra la sobreprotección infantil. Es cierto que los niños son el colectivo más vulnerable en cuanto a problemas sociales como la exclusión o la pobreza, pero esto no significa que sean individuos intocables. Si les negamos las malas experiencias, los niños crecen en un ambiente idílico. Un ambiente irreal que no encontrarán cuando sean adultos, lo que podría generar problemas de autoestima. Tratad a los niños como a los reyes y reinas de la casa pero siempre dejando claras sus limitaciones, haciendo que aprendan a aceptar sus fracasos y problemas como algo natural en la vida.

Tampoco me gustaría dejar atrás, el paralelismo de esta película con el clásico de Sam Peckinpah “Perros de Paja”, en la que un solo hombre debe enfrentarse a la psicosis de una comunidad. Sin embargo, la diferencia principal entre ambas películas la encontramos en la forma de enfrentarse al problema. Dustin Hoffman lo hizo con escopeta en mano, respondiendo a la violencia con más violencia (algo normal en el cine de Peckinpah, quien hizo de la violencia casi un arte). Mads Mikkleson, en cambio, lo hace con resignación y paciencia.

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